El ser tejedora en Zinacantán refiere a la importancia de su papel como dadora de vida y protectora de conocimientos ancestrales. Por medio del telar las mujeres participan en el sistema simbólico de su cultura. Los materiales y las partes que conforman el telar de cintura están dotados de un corazón o alma, así como los colores, formas y diseños expresan la manera en que los zinacantecos entienden y miran el mundo, es así que el telar en sí mismo tiene una carga simbólica. En suma, son palabras que se van tejiendo para expresar su historia.

Una de las técnicas que utilizamos es el brocado, técnica practicada desde la época prehispánica y transmitida de generación a generación, de madres a hijas principalmente. El bordado a mano es otro de nuestros saberes apropiado desde la época colonial, el cual hemos resignificado a través del tiempo.

La tintorería es otra de las prácticas que atesoramos desde la época prehispánica, herencia de nuestros abuelos y abuelas.

Nosotros hablamos la lengua batz’i nichim que significa “la verdadera flor” en Tzotzil. Cada pieza que elaboramos la creamos en telar de cintura y en telar de pedal, que son la extensión de nuestros brazos- manos, a los cuales nosotros nombramos en nuestra lengua snichimal yut jk’obtik que significa “las flores del interior de nuestras manos”.

Es así que en nuestros diseños las flores tienen un simbolismo muy importante pues ellas están vinculadas a diferentes dimensiones de nuestra cultura y forman parte de nuestra cosmovisión.

Contextualizando un poco la relación que tenemos con las flores, en nuestras comunidades la mayoría de los pobladores somos floricultores. La función de la flor en nuestras comunidades se convierte en un medio por el cual se establecen relaciones estrechas entre los zinancatecos, sus ancestros y seres sagrados mediante las fiestas, lo que genera encuentros espirituales.

Es así que a las autoridades tradicionales se les entregan para sus rituales flores tales como: el sajal nichim o geranio y claveles rojos. Estas flores, además de la sal y el maíz, también son utilizadas por curanderas y curanderos en sus rituales de sanación de los enfermos.

Los claveles, flores de paraíso y puntas de pino también son utilizadas para formar ramilletes como parte de las ofrendas que las autoridades tradicionales y curanderos ofrecen a nuestros ancestros cada vez que visitan los cerros, montañas y ojos de agua sagrados para pedir protección de todos los habitantes de Zinancatán.

Margaritas, gladiolas, rosas, pom pom, bolitas, alcatraces, son algunas de las flores que a nosotros nos gusta bordar en nuestros trajes pues con ellas podemos decir si somos solteros o casados. Vistiéndonos de flores y pintando nuestros trajes de diferentes colores como el rojo o rosa, recordamos cada día a nuestro santo patrón San Lorenzo y a las vírgenes que nos enseñan como tejer, nos gusta también brocar triángulos y rombos, los cuales representan las montañas sagradas donde habitan nuestros abuelos y abuelas y el mundo, así nos comunicamos y decimos quiénes somos, contamos nuestra historia, compartimos nuestros saberes, en suma, nuestra memoria la transmitimos de generación en generación a través del arte textil.

(P. Canovas Karla, 2011)

Fotografías Mitsy Ferrant

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *