Otro cacho más de la crónica de Kátsica Mayoral sobre nuestros andares en los Altos de Chiapas.

En Aguacatenango vimos uno de los paisajes más hermosos, de valle y lagos rodeados de montañas. Aquí conocimos a Mary Méndez, mujer de origen tzeltal que colabora con su nuera y otras mujeres de su comunidad para realizar diversos diseños tradicionales, así como propuestas que les hacen sus clientes, como tallas para niñas y bebés, lo cual no todas las artesanas pueden desarrollar.

Mary nos contó que ella se ha esmerado por mejorar cada vez más la calidad de sus acabados para distinguirse de la gran cantidad de grupos que existen en la localidad.

Nos detalló cómo confeccionan sus piezas desde el comienzo, con todas las costuras a mano, el plisado y bordado en varias técnicas, desde las más sencillas hasta las más elaboradas y de lujo, que son para su uso personal, ya que poca gente de fuera las compra, por su costo elevado.

Ellas aplican los estilos rococó, margaritas y nudos en las blusas, así como la técnica de plisado fino, a mano, tablón por tablón de las faldas características de Aguacatenango.

Para elaborar una falda pueden tardar hasta 3 días y para las blusas dedican desde 30 horas hasta 15 días, según su complejidad.

En esta misma localidad conocimos a Teodora Aguilar, una artesana joven que trabaja con su familia elaborando piezas tradicionales y pedidos exclusivos de diseñadores de otras entidades, lo cual la ha impulsado a utilizar diferentes telas, mejorar su manufactura y diversificar las combinaciones de color. En su casa compartieron con nosotras sus experiencias, además de una rica comida.

Amatenango del Valle

En Amatenango estuvimos en dos talleres de barro artesanal. Uno de ellos de la familia de Andrea y Felipa Bautista, dos jóvenes que han conservado los conocimientos de sus antepasados en el trabajo de modelado en barro pintado a mano. La señora mayor de la casa nos explicó el largo proceso de producción de las piezas, que comienza desde que ellas van a recoger la tierra fina que utilizan hasta la preparación del barro para su modelado, pintado y horneado, todo lo cual puede tardar de 2 a 3 meses.

El otro taller que visitamos es a su vez una tienda y un pequeño museo de la alfarería de Amatenango del Valle.

Aquí nos recibió Albertina, artesana tzeltal con quien Amanoarte ha colaborado desde hace tiempo. En el espacio de su grupo, compuesto por 50 artesanas, se aprecian diversas piezas decorativas y de uso cotidiano, como macetas, lámparas, esculturas, ollas, candelabros o jarrones.

Asimismo algunas prendas de ropa, entre ellas faldas y mandiles elaboradas con la técnica de plisado a mano, tablón por tablón, más grueso que el de Aguacatenango, pero igualmente bellas en tela satinada.

 

SaveSave

SaveSave

SaveSave

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *